viernes, 16 de diciembre de 2011
Estas palabras, estas y esas y aquellas. Las palabras… ah! ¡Cómo las odio! Están cargadas de historia, de luchas, de negaciones, de injusticias, de pueblos olvidados, de sangre -mucha sangre-. De muerte… Las odio y más odio todavía, necesitarlas tanto. ¿Cómo decir sin ellas? Nos vamos encerrando en esa prisión que las palabras van construyendo sobre las cosas, sobre nosotros. Entre nosotros y las cosas. Y las cosas se nos alejan cada vez más y cada vez necesitamos más para llegar a esas cosas que las palabras intentan denotar, y la belleza ya no es ella sino su palabra, y el dolor es un pensamiento y el amor es una ilusión. Y yo soy una red de palabras que me deformaron y ahora me hacen decir YO cuando tranquilamente podría decir, OTRO. ¿Y si, simplemente nos soy capaz de salir de la caverna? ¿Si no puedo ver -por más que “sepa”- a esos objetos que proyectan las sombras? ¿Y si necesito creer para vivir porque afuera de la caverna solo percibo soledad? ¿Y si las cosas como son no quieren ser vistas? ¿Y si no pueden ser vistas? ¿Y si el nirvana es una esperanza más que encontró su palabra para brindarnos la tranquilidad de que hay algo más? EL más allá, el otro lado, atravesar el umbral, alcanzar la iluminación. El árbol bo, Buda, y una verdad: Aquí y ahora…
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